sábado, 31 de diciembre de 2011

Otro año que se va...

- ¡Corred, que sólo quedan dos minutos! - La voz de mi madre resonó procedente del salón.

Salí de la cocina y me apresuré a reunirme con el resto de mi familia, no sin antes coger unas tijeras de mi cuarto, que coloqué cuidadosamente al lado del cuenco que contenía mis doce uvas.

- ¡No, Miri, no empieces todavía que estos son los cuartos, no las campanadas! - Regañó mi tío a mi prima pequeña. Mi hermana Clara, tres años menor que yo, miraba la tele, expectante.

- ...¡Ahora! - Al aviso de mi tía todos cogimos nuestro cuenco y nos fuimos comiendo las uvas, las campanadas marcaban el ritmo. Una... Dos... Tres...

Yo las comía concentrada, preparada para lo que me proponía hacer, despidiendo mentalmente a aquel año que llegaba a su fin. Diez... Once... ¡Doce! 

Tras introducir la última uva en mi boca cogí rápidamente las tijeras y corté el cordel de color rojo que adornaba mi muñeca, ese que me había acompañado todos los días de aquel año, sin interrupciones, pero que a pesar de todo no parecía haberme dado suerte, precisamente.

ZAS. Por fin. Lo vi caer suavemente al suelo, toda la mala suerte que me había acompañado durante aquel año yéndose con él. Mientras, toda mi familia brindaba, deseándose todos un feliz año nuevo. Con una sonrisa en los labios cogí mi copa de champán y me uní a ellos.

Un nuevo año empezaba, y algo me decía que iba a ser diferente al anterior. Como se suele decir, año nuevo, vida nueva. Tenía la esperanza de que muchas cosas cambiaran para mejor ese año. Yo, desde luego, pensaba poner de mi parte. 

...Sí, no sabía por qué, pero definitivamente aquel iba a ser mi año.




Y así, a tan sólo unas cinco horas de acabar el año, con este pequeño relato,  fuegos artificiales de fondo, y una lista de propósitos por cumplir bajo el brazo me dispongo a decir adiós al 2011, que se va ya para no volver.

Me gustaría decir que este ha sido un buen año, de esos inolvidables que vienen cargados de momentos que en un tiempo al recordarlos hacen que una sonrisa involuntaria asome a tus labios. Sin embargo, siento decir que no ha sido de ésos precisamente. Tampoco pretendo volverme tremendista, por supuesto que ha tenido sus buenos momentos, sería absurdo negarlo. Ahora que lo pienso, más bien éste ha sido un año de extremos, no ha habido un punto medio. Emociones demasiado intensas, un sin fin de incertidumbres, excesivos cambios. Muchas veces no he podido evitar sentirme en un ambiente hostil, extraño... Eso es, no es que no haya sido un buen año, es sólo que ahora al final no me está dejando muy buen sabor de boca.

Pero bueno, como decía antes año nuevo, vida nueva, ¿no? Sinceramente no sé qué esperar de este año que entra. Sólo quiero cambios, muchos cambios, si pueden ser para mejor, bienvenidos sean. A ver si se endereza ya mi vida de una maldita vez.

Y bueno, para no enrollarme más sólo me queda desearos a todos y cada uno de vosotros (a mi familia, a mis amigas (sin las cuales no sé yo qué haría), a todas las personas nuevas que he conocido este año, a las que ya conocía, a las que me quedan por conocer, a los amigos de toda la vida y por supuesto a todo aquel que lea esto)  un muy FELIZ AÑO NUEVO.


De verdad, espero que paséis una buena noche, que empecéis el 2012 con buen pie y que el resto del año sea aun mejor! ;)

lunes, 26 de diciembre de 2011

Nieve y ausencias


Nevaba en la calle, mas quién lo hubiera dicho en el interior de aquel salón. Un enorme fuego crepitaba en la chimenea, presidiendo la estancia y contagiando su calidez a los corazones de la familia allí presente. Y eso que ese año eran menos de lo que venía siendo lo normal. Contratiempos laborales les habían impedido reunirse con el resto de sus familiares, pero la alegría navideña del ambiente no se evaporaba, a pesar de todo. Sólo con ver la suculenta cena que entre todos habían preparado y que les esperaba en la elegantemente decorada mesa, se les hacía la boca agua, así como la compañía también auguraba la excelente velada que iba a ser aquella cena en familia.


Y así, entre bromas, brindis con champán, algo de marisco y algún que otro turrón, iba transcurriendo la noche, el tiempo escurriéndose entre sus dedos tan ligera y suavemente como un copo de nieve que desciende desde las nubes hasta fundirse con la gran masa blanca que espera en la acera. Y fue así en un instante, contemplando por la ventana la nieve en la calle caer, cuando la mente de Kristine comenzó a divagar. Recordó las cenas de Nochebuena de cuando era niña, los juegos con sus primos en casa de sus abuelos, los villancicos cantados por todos a coro, las largas tardes de los días anteriores poniendo el árbol, el belén, toda la decoración. La tradición familiar de encender todas las luces el día de Nochebuena justo antes de ponerse a cenar, las partidas de dominó con su abuelo, el rico estofado de su abuela. Viajó aun más atrás en el tiempo, a las navidades en casa de sus otros abuelos, en aquellos días de Reyes con el resto de sus primos, en los que las trampas para encontrar el regalo en el Roscón sólo estaban permitidas a su abuelo, y que venían con guiño cómplice incorporado cuando se lo daba a ella, la mayoría de las veces.

No pudo evitar sentir una gran nostalgia ante todo esto. Le apenaba no estar con ellos en aquellas fechas tan familiares, no tanto con aquellos a los que no había podido visitar aquel día, pues bien podría hacerlo cualquier otro. El vacío de su corazón se debía a aquellos que desde hacía tiempo ya no estaban, a los que ya no volverían.

Volvió la cabeza hacia la ventana y miró al cielo, en parte para tratar de ocultar las lágrimas que cubrían ahora sus ojos y que habían traído consigo los recuerdos. Miró al cielo e intentó descubrir alguna estrella en mitad del manto de nubes que cubría el cielo, pero entre la ventisca y la poca luz de aquella noche sin luna le resultó imposible. Intentó imaginar una vez más que ellos estaban ahí arriba, que su espíritu los observaba dando brillo a alguna estrella. Y que sonreían en esos instantes, deseándoles a todos unas muy felices fiestas y la más feliz de las vidas.

Sabiendo que algún día se produciría el esperado reencuentro, pero instándoles a no tener prisa.

A pesar de que esto la reconfortaba un poco, el profundo desasosiego que sentía seguía allí. No debía dejarse llevar por él, sin embargo; trató por tanto de unirse de nuevo a la conversación, secándose las lágrimas apresuradamente con la manga. Por suerte nadie se había dado cuenta. Con un último vistazo a la ventana, envió mentalmente un beso y un fuerte abrazo a los ausentes, junto con la silenciosa promesa de no vivir regodeándose en la melancolía que suele acompañar al pasado, sino con energía, dándolo todo por aquella vida de la que ella hasta entonces sólo había llegado a percibir pequeños atisbos y en cuyo fin, estaba segura, la esperaban con los brazos abiertos, con el deseo de estrecharla en ellos cuando llegara el momento.



(Como veis, lo prometido es deuda.
Dedicado a las personas ausentes, no se os olvida, es más, se os echa mucho de menos.
A todos aquellos que se identifiquen, también va por vosotros.)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad.

¡Ya está aquí, ya llegó! Esa fiesta que gusta a tantos y que algunos odian. Y que como veis, se ha colado en el blog como quien no quiere la cosa... 

Tiempo de turrones, mazapanes, cenas en familia, luces de colores y comida rica. (Y en mi caso, tiempo de apuntes, ya veis qué bonitas vacaciones me esperan).

Aun así habrá que hacer todo lo posible por disfrutarlas. 



En fin, no me enrollo más, sólo desearos a todos unas Felices Fiestas y que paséis una buena noche.

Y para despedirme, este bonito paisaje nevado y la promesa no asegurada de algún relato navideño en breves, a ver cómo de inspirada ando.

¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!

jueves, 22 de diciembre de 2011

Life is life.



La vida, ese viaje sin retorno en el que nos embarcamos sin saberlo...





"Somos justamente aquello que nos hemos buscado, tan sólo el resultado de las acciones y elecciones que hemos llevado a cabo."

domingo, 11 de diciembre de 2011

¡Eh, tú...!

¡...Sí, tú! Párate un momento y mira al suelo. ¿Ves esa hoja que se ha caído del árbol? No, esa no, la que tiene algo escrito. ¿Ya? Pues venga, cógela y léela, ¿a qué esperas? Préstale mucha atención...




...¿Te ha quedado claro? Pues ya sabes lo que tienes que hacer.


<<Nada como una frase optimista para empezar bien el día.>>




(Picture made by me. 
Participante y ganadora conjunta
 del concurso del blog "pArís, 1993")

jueves, 8 de diciembre de 2011

Al límite


Mi filosofía de vida distaba tanto de la de cualquier otro común mortal que no conseguía pasar nunca inadvertida. Como todo lo que se aleja de lo mundano, generaba habladurías.

Todos ignorantes, criticaban mi modo de entrar y salir a mi antojo, de desinhibirme por completo de lo cotidiano, viviendo cada sensación al máximo, una vida sin ninguna clase de control. No podían evitar preguntarse si esa ociosa y para nada fructífera forma de existencia llevaba a alguna parte, si encontraba satisfacción alguna en desafiar a la vida continuamente, exponiéndome en todo momento a un continuo riesgo, quemando cartuchos a la espera de que mi locomotora no aguantase más y o bien estallase en llamas o bien descarrilase de la vía, quedando inservible, inútil, fuera de juego.

Si me hubieran expresado esta duda abiertamente, mi respuesta habría sido simple. Hay veces que tras los mangoneos que nos da la vida, a menudo excesivos, quedan restos, obstáculos que se interponen en nuestro camino y que no somos capaces de sortear del todo, se quedan ahí delante de nosotros, ante nuestros ojos, hiriéndonos a placer, a la vez que nos impiden ver más allá. Es preciso que tratemos de evitarlos deliberadamente y con todas nuestras fuerzas, no conviene permanecer cerca, pues de pronto un día puedes encontrarte medio engullido por ellos, sumergido en un pozo de amargura del que no siempre es posible salir.

Por lo tanto debemos ser astutos, a la vez que cautos. La vida nos propone un juego, mas no hay jugadora más engañosa y traicionera. Hemos siempre de tratar ir un paso por delante, apostándolo todo a una jugada, aun a riesgo de que sea la última. Siempre obviando a esa sombra oscura que revolotea a nuestro alrededor y que pretende llevarnos a la ruina, buscando distracciones que nos aparten de su camino.

Posiblemente todo esto les hubiera parecido algo ambiguo. Aun así, ¿debería importarme? En realidad nunca he esperado que alguien llegue a entenderlo.
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martes, 6 de diciembre de 2011

Tachaaan ♪

Llevaba tiempo con la idea en la cabeza de darle un aire nuevo a esto, y tras un largo rato enredando, he aquí mi obra maestra. No sé si está acabado, a lo mejor le cambio alguna cosilla por ahí, pero por ahora así se queda. 

Y nada, mis disculpas a todos por tener el blog tan abandonadillo, pero mi amiga Inspiración ha decidido darme envidia e irse por ahí de puente, qué salá ella... En cuanto sea capaz de escribir algo decente, aquí lo tendréis. 

En fin, ¡hasta la próxima y feliz puente! 





(PD: Votad aquí al lado, que es un simple click anda! ;) )

domingo, 27 de noviembre de 2011

Adelante, siempre hacia adelante. 
No hay oportunidad de volver la vista atrás.
Ya no.
Una árida y extensa llanura se extiende a tus espaldas, en mitad del camino, haciéndose cada vez más grande.
Y no serás tú quien intente recorrerla de nuevo. Ya no te corresponde a ti. Te cansaste.
Así pues ya sólo hay una opción... Seguir caminando, un lento e inexorable avance.
A lo lejos ya se puede divisar la ciudad, las luces, el bullicio, impaciente por incluirte en su dinámica.


Y aunque podría haber sido de otra manera, no lo han querido así.
Pero bueno, así es la vida. Caprichosa, inestable, intrigante. Llena siempre de nuevas expectativas.

Ahora solo queda seguir su curso y ver qué te depara este nuevo rumbo.
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domingo, 20 de noviembre de 2011

Nothing like a good book



Qué gran sensación...

" Cerré el armario, devolví la llave y la linterna a su lugar y regresé a la cama con el libro en mi mano enguantada.
No pretendía leerlo, y lo digo en sentido literal. Unas cuantas frases era cuanto necesitaba. Algo que fuera lo bastante impactante, lo bastante fuerte para acallar las palabras de la carta que seguían resonando en mi cabeza. Un clavo saca a otro clavo, dice la gente. Un par de frases, quizá una página y podría conciliar el sueño.
Retiré la sobrecubierta y la guardé en el cajón que tengo destinado a ese fin. Incluso con guantes toda precaución es poca. Abrí el libro e inspiré. El olor de los libros viejos, tan afilado y seco que puedes notar su sabor.
El prólogo. Solo unas palabras.
Pero mis ojos, al peinar la primera línea quedaron atrapados.
Fue como sumergirse en el agua."

(El cuento número trece,  Diane Setterfield)


...esa de sentirte totalmente atrapado entre las páginas de un buen libro.
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domingo, 13 de noviembre de 2011

El atractivo de lo imposible

"Diana levantó la mirada hacia la tía Edith para ver si la observaba, y luego recorrió con la vista el salón de su familia. Las antigüedades, las reliquias familiares y los objetos de arte parecían pequeños y sosos a la luz del atardecer. Pero la palpitación de su sangre, el rápido latido de su corazón y la piel encendida de su cuello, donde había estado la boca de Henry, aparecían luminosos y brillantes. A Diana le pareció que empezaba a entender por qué, en todas esas novelas que leía, los mejores amores eran siempre los amores imposibles."

(Latidos, Anna Godbersen)


Imposibles...

Atractivo fatal de la vida, perdición inevitable de las personas.
Imanes que nos atraen irremediablemente hacia un sufrimiento evidente, que aceptamos con entereza y hasta gusto.
¿Coherente?
Como todo en la raza humana, lamentablemente no.

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sábado, 12 de noviembre de 2011

Invisible

Se llamaba Fufú, y era de color transparente, tirando a invisible. También deliciosamente fresca; fría y suave, como la nieve recién caída.

Le gustaba acariciar los rostros de la gente en las calurosas tardes de verano, así como colarse, con aire juguetón, entre los dedos de los pies de los niños incautos que en sueños se desarropaban en las heladas noches invernales, viendo su vello erizarse mientras los recorría un escalofrío.

Pero había algo que a Fufú le gustaba más que cualquier otra cosa: volar. Le gustaba ascender sobre los campos y los tejados de las casas, subiendo tan, tan alto que las casitas y los coches parecieran simples juguetes, y los árboles simples manchitas verdes en medio de la inmensidad. Luego descendía en picado, sintiendo la adrenalina en cada parte de su ser, experimentando una sensación jubilosa imposible de plasmar con palabras. Se sentía libre, llena de vida. Más viva que nunca.

Un día, en uno de sus paseos por el campo, un bello sonido captó su atención. Un canto silvestre, cuyas notas la atravesaban y la hacían estremecer. Cautivada por la viva melodía se dispuso a encontrar su origen, llevándola su curiosidad hasta un gracioso jilguero.


Su cara colorada y sus alas amarillas contrastaban vivamente con el resto de su plumaje, de tonos pardos, blancos y negros. Fufú se quedó un rato escuchándole, a distancia suficiente para que no detectara su presencia. Estuvo allí hasta que el pajarillo se fue, sus elegantes alas y el color rojo alrededor del pico acompañando a su grácil vuelo.


Visitar aquel mismo lugar acabó convirtiéndose en costumbre, ya que, como bien comprobó Fufú, el jilguero pasaba por allí todos los días, deleitando a todos con su canto, más perfecto y vivaz cada día. Cada vez que lo veía, algo en su interior se revolvía. Se había dado cuenta de que desde hacía tiempo no era la misma. Se sentía extraña, más cálida, su mente se ponía a divagar con pasmosa facilidad. ¿Quizá un nuevo sentimiento estaba surgiendo en su interior?


Días después una idea comenzó a fraguarse en su mente. Hasta el momento no se había atrevido a hacerse notar, siempre miraba al pajarillo desde la distancia, pero se dijo que eso debía cambiar, tenía que hacer algo. Después de darle muchas vueltas, se le ocurrió una idea: puesto que él hacía disfrutar a todos con su canto... ¿Por qué no impresionarle ella con su vuelo? Pronto se puso manos a la obra, ensayando trucos, volteretas, dejándose el alma en la que era su pasión.


El día indicado se presentó en el lugar de siempre. El plan era en un primer momento pasar rozando sus plumas y así llamar su atención. Luego comenzaría su exhibición. Actuó según el plan, y tras mil vueltas volteretas y cabriolas, de ascensos imposibles y arriesgados descensos en picado, remolinos y espirales que quitarían la respiración a cualquiera, acabó con su pose final, esperando una reacción, algún resultado.


Pero al levantar la vista no encontró lo que esperaba. El jilguero seguía posado en la misma rama de antes, persiguiendo con la mirada a un gusanillo que avanzaba semioculto entre las hojas, pensando sin duda en convertirlo en su almuerzo.


Una poderosa decepción se apoderó de Fufú. La había ignorado completamente, es más, ni la había visto siquiera, no se había percatado de su existencia. Era completamente invisible para todos. Invadida por la humillación y la impotencia se fue corriendo del lugar, ascendiendo alto, cada vez más alto. Sentía su temperatura descender por momentos, cada vez más cercana a la del hielo. Amargas lágrimas habrían salido de sus ojos, si los tuviera. Se sentía sola, muy sola, más de lo que se había sentido nunca. 


No le quedaba otra cosa que acostumbrarse, se dijo, porque ¿qué otra cosa podía esperar de la vida? 


Al fin y al cabo ella sólo era una pequeña ráfaga de viento.



martes, 8 de noviembre de 2011

Insensatez

Una idea revolotea por tu mente desde hace un rato, con el ímpetu de un ave enjaulada que repentinamente  es liberada de su cautiverio. 

Su canto te persigue, mas una parte de ti trata de resistirse a él.

¿Sensato... o demasiado alocado?

Probablemente no debías, pero tampoco se pierde nada por probar... ¿no? :/
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domingo, 6 de noviembre de 2011

Diana


Se llamaba Diana, y aparentemente era una chica normal.

Su cabello castaño oscuro caía en desordenados bucles sobre sus hombros, confiriéndole un aspecto algo rebelde, alocado. Era famosa su costumbre de juguetear con algún mechón travieso, enrollándolo y desenrollándolo una y otra vez entre sus dedos. Gesto inconsciente que la delataba siempre, pues no podía evitarlo cuando los nervios la invadían.

Era una chica inquieta, de facciones dulces y ligeramente afiladas, ni muy delgada ni muy alta, tampoco excesivamente corta de estatura. Le encantaba la música, dar largos paseos en bicicleta y perderse por el bosque las tardes cálidas de primavera, caminando entre los árboles y dejando que algún que otro rayo de sol que juguetón se colaba entre la espesura le acariciase las mejillas.

Lo dicho, dentro de lo que cabe era una chica bastante normal. Entonces... ¿qué era lo que la hacía especial? Para Ryan era muy simple, lo había tenido claro desde la primera vez que sus miradas se cruzaron.

Sus ojos.

Esos ojos grandes de largas pestañas, cuyo color estaba entre el verde y el aguamarina. Ojos misteriosos de mirada impenetrable, ocultadores de secretos, a la vez inteligentes, expresivos, siempre con ese brillo pícaro y burlón, parecían reírse de un chiste inexistente. Ojos que se volvían negros cuando la situación lo propiciaba, augurando una tempestad en la que ningún hombre en su sano juicio le gustaría estar presente.

Esos ojos que en parte lo intimidaban, pero que habían conseguido cautivarle desde el primer momento.

Ojos que, se había propuesto a sí mismo, algún día conseguiría conquistar.

Que en no mucho tiempo, aunque ninguno de los dos lo supiera todavía, lograría que fueran suyos.
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lunes, 17 de octubre de 2011

No eres tú

" - Pero... ¿para bien o para mal?
- No sé, es difícil de explicar... Es simplemente que no eres tú."




¿Puede una situación desbordarse hasta el punto de que pierdas tu esencia, a ti mismo? 
¿De que los demás no te reconozcan?
¿Hay marcha atrás en el caso de que eso ocurra?
¿Posibilidad de volver a encontrarse?


Y es que los cambios deberían afectar a nuestra vida, pero no a nosotros, a lo que somos.
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jueves, 13 de octubre de 2011

Entre la espada y la pared

Y aunque no te diste cuenta, inconscientemente tomaste tu decisión...

Aún no te habías recuperado del último golpe y la vida ya volvía a la carga con un nuevo asalto.

Los acontecimientos se precipitaron y tú les seguiste el ritmo, era inevitable, algún día debía suceder. Y sin embargo todavía te preguntas si hiciste lo correcto. 

Y es que, ¿por qué esa vocecilla insulsa que te insta a volver atrás? ¿Qué has hecho mal esta vez? ¿Por qué esa inseguridad?

Ya eres incapaz de comprender por qué todo en tu vida tiende a salir mal. Cuando las cosas empiezan a enderezarse por un sitio de repente se desmoronan por el otro.

Y no sabes qué quieres, cómo te sientes, tu cabeza es un hervidero de ideas, cada cual más confusa que la anterior. 

¿Sí? ¿No? ¿Qué hacer?

La situación se desborda, no puedes seguir así. Ya no hay posibilidad de tomarte un descanso.

¿Habrá llegado el momento de hacer frente a los acontecimientos por mucho que veas todas esas nubes negras portadoras de tormenta arremolinándose sobre tu cabeza?

En el fondo sabes que sí, no vale la pena retrasar más las cosas. El momento se acerca, la suerte está echada, sólo queda armarse de valor y prepararse para afrontar lo que esas malditas elecciones han traído consigo. Por ambos bandos.



Y respiras hondo, la cabeza entre los brazos, piernas flexionadas... Ya sólo falta un impulso, un pequeño impulso.


Tan solo un simple salto y te habrás tirado de cabeza a la piscina.
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domingo, 9 de octubre de 2011

¿Correr o esperar...?

Después de una larga temporada "relajada", algo monótona, sin pasar gran cosa, llega un momento en el que los acontecimientos se precipitan.

Lo que era blanco se vuelve negro, lo negro transparente y lo de color se torna gris. El color rosa (más bien rosado pálido, desvaído) desaparece, y amenaza con irse de vacaciones por un tiempo, que promete ser bastante largo, al parecer.

Todo depende de una elección, una de tantas. Y el tiempo se agota.

Así pues, ¿Qué hacer? ¿Correr... o esperar?


miércoles, 5 de octubre de 2011

El mismo sonido de fondo.



Pum… Pum... Pum... Pum…

Cassie no era capaz de concentrarse. Llevaba casi un cuarto de hora tratando de entender el primer párrafo del tema de biología pero sin éxito. Le resultaba imposible con esos incesantes golpecitos en la pared desviando su atención.

Pum… Pum... Pum... Pum…

Se tapó los oídos, exasperada. ¿Pero qué estaban haciendo los vecinos? ¿Se habían vuelto locos o qué?

Pum... Pum… Pum… Pum…

Decidió dar unos fuertes golpes en respuesta, a ver si así el vecino que fuera entraba en razón y dejaba de fastidiar.

Mientras tanto, al otro lado de la pared, en otra habitación…

“Estúpida. Estúpida. Estúpida. Estúpida.”

Sentada en la cama, Lena repetía esta palabra mentalmente, siguiendo el ritmo de los golpes que daba la pequeña pelota que hacía rebotar una y otra vez contra la pared, rescatada el día anterior de un cajón donde guardaba algunos juguetes de cuando era niña.

Pum... Pum... Pum... Pum... “Estupida. Estúpida. Estúpida. Estúpida.”

¿Por qué seguía dándole vueltas al mismo tema? ¿Por qué no se limitaba a resignarse y ya está? Ella nunca se había considerado masoquista, pero en ese momento estaba comenzando  a planteárselo. ¿Por qué de repente aquel cambio?

Pum... Pum… Pum... Pum... “Deja de pensar, deja de pensar…”

Unos potentes golpes interrumpieron su incesante letanía. PUM, PUM, PUM. Perfecto, ahora el vecino de turno. Ya no podía enredar con la pelotita tampoco. Con un suspiro de frustración se recostó contra la pared. La retahíla mental se reanudó, a la vez que unos nuevos golpes empezaban a sonar, rompiendo el silencio. 

Pam. Pam. Pam. Pam.

Sin embargo, ya no era la pelotita la que golpeaba la pared.

De nuevo en la otra habitación…

Por fin habían cesado aquellos molestos golpes. Emitiendo un suspiro de alivio, Cassie se dispuso a estudiar, ya en serio y con renovadas energías.

Pero entonces…

Pam. Pam. Pam. Pam.

No podía ser. Otra vez aquellos golpes. Y ahora diferentes, más seguidos. A ese paso iba a suspender el examen. “Venga, concéntrate, concéntrate…”

Pero no podía concentrarse.

Un ahogado grito de frustración salió de sus labios, a la vez que se llevaba las manos a la cabeza, ya totalmente desesperada.

Y así transcurría una tarde cualquiera de otoño. Dos almas diferentes, a la vez parecidas, igual de descontentas. Separadas tan sólo por una simple pared.

Una doble tortura mental con el mismo sonido de fondo.
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domingo, 2 de octubre de 2011

Hard to describe.


- But, what's that?


- I don't know, it's hard to describe it. It's like... like...


- Like a hole?


- Exactly. It's like a big, dark and bleeding hole.


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Cambios, cambios everywhere.


Y de pronto un día se te ocurre ponerte a reflexionar sobre tu vida y te das cuenta de cómo ha cambiado todo. De cómo de un día para otro has pasado de ser una cría a convertirte en una adulta, al menos legalmente. Y de todas las cosas que han llegado con ello.

De repente te encuentras con nuevos estudios, nuevos lugares, nuevas personas, nuevas amistades, nuevas reglas, nuevos hábitos, nuevas libertades. Ante ti se abre un desconocido mundo de posibilidades inexploradas, un gran abanico de opciones que a lo único que está esperando es a que juegues tu próxima carta. Aceptando las consecuencias y responsabilidades que conlleve. Mas por grande que sea el margen de error, ¿no compensa esa gratificante sensación que te invade tras una decisión bien tomada?

A medida que nuestra vida avanza, cambia a placer, nuevas etapas sustituyen a las anteriores, así será hasta que termine el camino. Pero por mucho giro radical que dé todo, no todas las cosas han de ser innovadoras, ¿no? Si te fijas, lo esencial siempre permanece. Tu familia, tu casa, tus verdaderos amigos, ellos siempre están ahí. Personas que te importan y a las que les importas de verdad. Y que te ayudan a volver al punto de partida cuando no eres capaz de encontrar tu camino y amenazas con perderte definitivamente, dejando de ser tu mismo.

Porque hay veces que la vida nos engaña, creando espejismos que nos parecen tan reales que los llegamos a considerar necesarios, imprescindibles. Y así, cuando el día menos pensado desaparecen no nos lo esperamos, no estamos preparados y su ausencia nos rompe, nos descoloca, volvemos a movernos a ciegas en una oscuridad que ya no nos es familiar. Una oscuridad más negra de lo que nos había parecido nunca. Y aunque duela hemos de tratar de regresar a nuestros puntos de referencia, pues si nos extraviamos por completo ya nunca seremos capaces de poco a poco ir encontrando de nuevo la luz.

¿Que todo esto os puede parecer injusto? ¿Que a veces os gustaría que algunas cosas no cambiasen?

¿No habéis pensado nunca que si algo ocurre, ha de haber alguna razón? A lo mejor si el destino nos hace sufrir es porque nos tiene preparado algo mejor…
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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Only a few hours...

Unas horas... Sólo quedan unas horas.
Tan sólo unas horas para que todo cambie. Para que dé comienzo una nueva etapa.
Para que el mundo te mire con otros ojos y comiences a ser alguien.
Para dejar de comerte las uñas por no tener respuesta a tantos interrogantes...


En unas cuantas horas un  nuevo día comienza. 
Un día en el que tienes puestas unas expectativas.
En el que puede que te aguarde alguna sorpresa...
En cualquier caso un día que nunca olvidarás, un día importante.


Y es que ya sólo quedan unas horas... 
En unas horas empezará tu día.
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sábado, 10 de septiembre de 2011

P.O.V.

Hay veces en las que te sorprendes viendo el vaso medio lleno en vez de medio vacío.
En las que comprendes que si una puerta se cierra es porque otra nueva se va a abrir.



Y es que en la vida no todo es tan malo como a veces lo pintamos...

Sólo hay que encontrar el punto de vista adecuado.
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domingo, 4 de septiembre de 2011

viernes, 2 de septiembre de 2011

Flashback

Todo momento del día puede resultar entretenido, incluso el más insignificante, por muy pesado que nos pueda parecer. Miradme a mí, por ejemplo. Estoy aquí sentada un banco en mitad de un parque, esperando a una amiga con la que he quedado para tomar algo. Cualquiera que me viera pensaría que estoy completamente abstraída, dándole vueltas a quién sabe qué asunto sin prestar atención a nada de lo que me rodea.

Pero eso no es exactamente así... Pensativa sí estoy, es cierto, pero no evadida del mundo.

Lo que estoy es observando.

Una escena ha captado mi atención desde hace un rato. En realidad podría parecer muy normal, es simplemente un grupo de amigas que acaba de llegar. Mientras parlotean sin descanso van buscando un hueco libre para sentarse en la gran extensión de césped que se extiende ante ellas. Llevan bolsas con comida y bebida, por lo que probablemente se dispongan a pasar allí toda la tarde, aprovechando las últimas horas de sol que aún quedan.

Me fijo sobre todo en una de las chicas, que va de las últimas. No estoy segura de por qué llama mi atención,   juraría que no la he visto en mi vida, quizá es por su afanosa búsqueda en su bolso... Por fin encuentra lo que quiere, su móvil, pero al sacarlo se le cae el bolso al suelo. Rápidamente se agacha a recogerlo y lo sacude, ya que se le ha llenado de... ¿Ramitas, tierra, hojitas? Desde aquí no puedo percibirlo bien. El caso es que de pronto se las queda mirando, y mira el suelo, y luego un lugar concreto a su derecha...

La expresión de su cara cambia en un instante. De estar tranquila y relajada, incluso alegre, pasa a parecer melancólica, ausente... Pero luego trata de recomponerse, volviendo a unirse a sus amigas, que han seguido adelante. Puedo intuir perfectamente qué puede estar pasando por su cabeza. Algo que me ocurre con frecuencia, y más en los últimos tiempos...

- ¡Hey, Lena! ¡Lena!

Una voz me saca de mis ensoñaciones. Es mi amiga Dianne, que por fin ha llegado. Nos saludamos con un fuerte abrazo, hacía bastante que no nos veíamos. Comenzamos a hablar rápidamente y a ponernos al día de todo lo que nos ha pasado en este tiempo. Promete ser una tarde agradable, entre amigas...

No puedo evitar dirigir una última mirada al grupo de chicas antes de perderlo de vista, más concretamente a la que se le cayó el bolso. "Me temo que hoy no serás la única que tenga que aparentar más alegría de la que siente, amiga", no puedo evitar pensar. Porque, aunque nunca llegue a saberlo, la entiendo mejor que nadie... Yo tampoco he estado libre de flashbacks indeseados esta tarde.
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miércoles, 31 de agosto de 2011

Cincocuatrotresdosuno.

ZAS. Como un sopapo en plena cara, así, sin anestesia.
Pero, ¿qué esperabas?
La vida no se anda con contemplaciones.
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jueves, 25 de agosto de 2011

Hope

Algo inmaterial, pero que muchos pintan de verde.
Algo que todos hemos sentido en algún momento de nuestra vida, cuando las cosas iban mal.
Una confianza inquebrantable en que todo puede mejorar.
En que de pronto la suerte va a decidir estar de tu parte, dando la vuelta a la realidad, poniendo el mundo del revés.
Por muy perdida que sea la causa.
Similar a un rayo de luz que atraviesa un mar de nubes negras.
Un lugar donde agarrarte mientras vas a la deriva…
Te inspira fuerza, confianza, ganas de seguir adelante.
¿Lo mejor?
Que a veces la espera vale la pena. Las cosas salen bien, un final feliz, de cuento.
Lo peor…
Lo peor viene cuando la vida te la juega.
Entonces abres los ojos de pronto, chocas de lleno con la cruda realidad.
Es algo duro…
¿Sabéis de qué hablo ya? ¿No?
Nueve letras bastarán.
E-s-p-e-r-a-n-z-a. Esperanza.

Eso que muchas veces nos preguntamos si merece la pena tener.



Y eso que, ¿no es más fácil vivir pensando que en la vida aún puede haber algo de color?
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